La sesión comenzó con un viaje al pasado. En la primera parte de la jornada visitamos los grabados rupestres de La Caldereta, guiados por nuestro compañero Tinerfe Rivero González, que supo entrelazar memoria y paisaje. Caminar entre aquellos símbolos de nuestra historia nos recordó que nuestras artes de combate no nacen de la nada, sino que se sostienen sobre siglos de cultura.
Tras esa inmersión en la memoria ancestral, la tarde dio paso al cuerpo y al movimiento. Garrote en mano y tolete firme, arrancó una intensa sesión práctica donde las conocimiento técnico y la complicidad entre compañeros y compañeras fueron tejiendo una experiencia tan formativa como emotiva.
Y cuando parecía que la jornada tocaba a su fin, llegó la magia. Bajo la luz de la luna majorera, en un ambiente casi secreto, se desató una garroteada y toleteada con sensación clandestina, de esas que no se programan. Sombras largas sobre la arena, golpes secos rompiendo el silencio nocturno y sonrisas cómplices que delataban que estábamos viviendo algo especial.
No fue solo un entrenamiento: fue un encuentro entre tradición, compañerismo y conexión con nuestra tierra. Una forma de seguir honrando un legado que se transmite de mano en mano, de mirada en mirada… incluso cuando cae la noche.
